Con apenas una medalla de bronce, la de Luis Orta en los 67 kilogramos del estilo grecorromano, la delegación cubana concluyó este fin de semana su pobre actuación en el Campeonato Mundial de Lucha, celebrado en Astaná, Kazajistán.
El grupo de deportistas enviado por La Habana al evento estuvo conformado por nueve luchadores: cuatro en el estilo grecorromano y cinco en el libre. Del total, seis fueron hombres y tres, mujeres.
La despedida tuvo lugar este sábado, cuando el último cubano en competencia, Geanni Garzón, en los 97 kilogramos del estilo libre, no pudo pasar del segundo combate. Si bien se había impuesto por 9-0 ante el rumano Maxim Fricatel, cayó con marcador de 15-12 frente al iraní Amirmohammad Yazdanicherati.
De esta forma, la delegación oficialista concluyó con el mismo balance de medallas que en la edición pasada, cuando fue Milaimy Marín, en los 76 kilogramos, quien obtuvo el único bronce. "Sin incluir la presea de Orta, la delegación de gladiadores de la Mayor de las Antillas salió de la reunión mundialista con un negativo balance de dos triunfos y siete derrotas", criticó el medio deportivo estatal JIT.
A pesar del palmarés con el que llegaron varios de los atletas cubanos, sus actuaciones quedaron muy rezagadas respecto a sus mejores resultados. Así, la citada Marín, bronce olímpico en París 2024, cayó en el primer combate, como también le sucedió a Greili Bencosme, en los 50 kilogramos, quien fue oro en los Juegos Centroamericanos y del Caribe de Santo Domingo 2026.
Entretanto, los campeones centroamericanos y del Caribe Kevin de Armas (63 kilogramos) y Daniel Gregorich (87 kilogramos) no pudieron pasar de sus primeros combates.
Además de los ya citados, una de las mejores cartas de la delegación cubana, el titular mundial Gabriel Rosillo (97 kilogramos), no pudo competir por presentar un cuadro febril cuando ya se encontraba en la sede.
A raíz del pobre resultado, que evidencia la crisis generalizada en el deporte cubano, el periódico oficialista Juventud Rebelde justificó en estos términos la actuación: "Este año ha sido especialmente complejo para la lucha antillana en cuanto a fogueo internacional. Basta con saber que todos los miembros de la delegación arribaron al Mundial con una o dos competiciones, siempre en nuestro continente y con rivales de nuestro continente".
En los últimos años, ambas modalidades de lucha, así como el deporte cubano en su conjunto, han estado marcadas tanto por las carencias para entrenar como por la falta de fogueo internacional y el éxodo de atletas, que bien abandonan el movimiento deportivo o se marchan del país en busca de mejores condiciones.
El ejemplo más claro de lo anterior en este deporte es el atleta cubano nacionalizado chileno Yasmani Acosta, dueño de una histórica medalla de plata en la división de más de 130 kg del torneo de lucha grecorromana de los Juegos Olímpicos de París 2024.