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Sociedad

Juan Carlos Piñeiro, el basquetbolista cubano que sirvió una 'piragua' a Bad Bunny en la Super Bowl

El exjugador de la selección cubana y hoy miembro de los Capitanes de Arecibo, de Puerto Rico, apareció ante los 135 millones de espectadores que vieron el show. Esta es su historia.

La Habana
El basquetbolista cubano Juan Carlos Piñeiro.
El basquetbolista cubano Juan Carlos Piñeiro. El Nuevo Día

A Bad Bunny le sirvieron una piragua en el show del medio de tiempo de la Super Bowl el pasado domingo, lo que viene siendo un granizado de toda la vida en Cuba. Ese fue uno de los tantos gestos simbólicos que marcaron la presentación del cantante puertorriqueño en Santa Clara, California, donde se expusieron múltiples tradiciones y estampas de la vida cotidiana de los boricuas. 

De entrada, que Bad Bunny tomara una piragua en medio de su show pasó un tanto desapercibido, un gesto más dentro del espectáculo, pero después comenzó a adquirir relevancia, por quien le sirvió el raspado de frambuesa.

Hablamos del basquetbolista cubano Juan Carlos Piñeiro, actual miembro del club Capitanes de Arecibo en el circuito profesional de Puerto Rico, quien a la par de su vida atlética lleva un negocio de venta de piraguas en el Viejo San Juan.

Como si estuviera en una de las concurridas esquinas de la calle Lair, en el corazón de la capital boricua, Piñeiro preparó en el show de la Super Bowl la que a partir de hoy será, probablemente, la piragua más famosa de la historia de Puerto Rico. Aunque fue un chispazo de segundos, el momento hizo que Juan Carlos, un cubano que ha sabido reinventarse una y otra vez, apareciera en pantalla frente a más de 135 millones de espectadores.

"El escenario más grande del deporte tuvo un toque de nuestra casa. Nos llena de orgullo ver a uno de los nuestros, Juan Pablo Piñeiro, siendo parte del espectacular Halftime Show de la Super Bowl", publicó el club Capitanes de Arecibo en Instagram, donde fue elogiada la personalidad del cubano.

"Más que un atleta, Juan Pablo es familia, es cultura y es puro corazón. Hoy celebramos su versatilidad: de jugador de nuestros Capitanes y piraguero, a brillar ante millones de personas. ¡Gracias por representar los colores y la energía de nuestra gente en lo más alto!".

¿De dónde viene la estrella cubana en el show de la Super Bowl?

Juan Carlos Piñeiro mide casi dos metros y no pasa desapercibido. En una de las esquinas del Viejo San Juan, es casi inevitable no divisarlo en medio de la multitud que siempre ronda la zona, una de las más concurridas de la capital puertorriqueña.

Bailador, chabacano, este habanero de 35 años podría ser el alma de cualquier fiesta con su personalidad desenfadada. Justamente, esa forma de ser le ha permitido conectar con la gente y sacar adelante un negocio de piraguas en suelo boricua, lo que vendría siendo un carrito de granizados en Cuba.

Pero Juan Carlos no es un cubano más. Hablamos de un jugador de baloncesto que integró las filas de la selección nacional antillana durante varios años, participando en torneos regionales y el Preolímpico de 2011, donde coincidió con varias estrellas del continente.

De aquellos tiempos recuerda las complejas circunstancias en las que se preparaba el equipo cubano en el Cerro Pelado: "El tabloncillo donde nosotros entrenábamos tenía huecos, no estaba en las mejores condiciones. Nosotros mismos buscamos tablas para remendar. Eso es solo por mencionar algo básico que no teníamos. Realmente estábamos obligados a hacer mucho con muy poco".

Esa realidad motivó en gran medida la decisión de Piñeiro de quedarse en Puerto Rico durante el Centrobasquet que se disputó en la localidad de Hato Rey.

"Cuando llegamos tomamos la decisión rápido. Jugamos y al otro día nos quedamos", relató Piñeiro en el podcast Apunta Fuego, donde también explicó sus motivaciones para no regresar a su isla.

"Había viajado antes con el equipo nacional y me fui dando cuenta de que lo que quería era jugar profesional. Quería darme la oportunidad. Se lo comentaba mucho a mis padres en Cuba y es triste, porque al decirles eso a ellos ya sabían por dónde venía, ya sabían lo que conlleva. La única solución en aquel momento era desertar, y ellos me dijeron que siguiera adelante, que me iban a apoyar", recordó el cubano, quien en aquel Centrobasquet abandonó la delegación junto a Ysmael Romero, Leonel Batista, Enrique Ramos y Yusniel Pérez

"En Puerto Rico muchas personas nos ayudaron, nos trataron como si fuera nuestra casa. Ángeles que nos encontramos por el camino. Agradecido siempre, son cosas que nunca se olvidan. No hay manera de recompensar, no hay dinero en el mundo para pagar a quienes nos ayudaron", añadió el jugador.

Desde su salida, no ha podido regresar a Cuba y asegura que esa distancia física con su familia ha sido lo más duro de asumir, aunque no se arrepiente del rumbo que tomó: "La familia es lo más importante que tiene un ser humano y nunca quisieras separarte drásticamente como tuve que hacerlo yo. Quizás con más oportunidades profesionales no me hubiera quedado, pero el tiempo pasa y no se puede regresar hacia atrás. Es una decisión tomada y hoy puedo decir que quedarme fue lo mejor que hice. Y regresar, nunca pensé hacerlo, en parte por temor a represalias, pero por mi mente nunca pasó esa posibilidad. No había vuelta atrás".

Entre canastas y piraguas, la vida de Piñeiro en Puerto Rico

Desde que se estableció en Puerto Rico en junio de 2012, la vida de Juan Carlos Piñeiro ha dado muchas vueltas. De entrada, no pudo jugar baloncesto profesional durante casi cuatro años, tiempo en el que estudió Justicia Criminal con una beca deportiva de la Universidad de Carolina que le permitió seguir conectado a las canchas.

Su sueño de jugar como profesional se cumplió en 2016. A partir de ese momento ha sido uno de los rostros familiares del BSN (Baloncesto Superior Nacional), el principal circuito de canastas en Puerto Rico. En esa liga ha vestido los colores de los Brujos de Guayama, los Caciques de Humacao, los Cangrejeros de Santurce, los Cariduros de Fajardo y los Capitanes de Arecibo.

Sin embargo, todo no ha sido baloncesto para Piñeiro en Puerto Rico. Durante la pandemia, un conocido de su familia dejó libre un puesto de piraguas en el Viejo San Juan, y el jugador decidió emprender con su esposa, a pesar de no tenía mucho conocimiento del negocio.

"Aprendí a hacer las piraguas con unas amistades, y cuando termina la temporada estoy aquí metiendo mano, como dice todo buen boricua. Aprendí muy rápido, en un fin de semana, y desde entonces estoy echando para adelante", asegura el jugador nacido en la localidad habanera de Nueva Paz.

El cubano ha puesto su sello al negocio, siempre bailando, cantando e intentando robar una sonrisa a quienes llegan a su puesto de piraguas: "Me encanta interactuar con las personas, las pongo a bailar y cantar conmigo. Se pasa muy bien. Hay que coger las cosas así, con sabrosura. Hay que trabajar con amor y alegría. Todo lo que hago es con ímpetu y amor. Es lo que estoy enseñando a mis hijos. Hay que sacrificarse para lograr grandes cosas".

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