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Entrevista

'Todo lo que hice lo volvería a hacer': Ricardo Montero Duque a sus 100 años

Preso político del castrismo, militar en la República y jefe de batallón de la Brigada 2506, Ricardo Montero Duque recuenta los mayores episodios históricos de su larga vida.

Madrid
Ricardo Montero Duque.
Ricardo Montero Duque. Cortesía del entrevistado

Ricardo Montero Duque, a quien conozco hace 40 años (desde que llegara a EEUU en 1986), es ante todo un hombre que exuda nobleza y simpatía.  Luego de haber hecho una carrera militar en Cuba y de haber pasado un cuarto de siglo en las cárceles castristas, salió al exilio dispuesto a labrarse un nuevo comienzo, pese a que entonces tenía más de 60 años: otra oportunidad que le daba la vida y que él no dudaría en aprovechar. Ahora, con un siglo a cuestas (que cumpliera el pasado 4 de julio) y sobrado de vigor y lucidez, he creído oportuno compartir con los lectores de DIARIO DE CUBA esta entrevista que le hiciera recientemente.

Tenías ocho años recién cumplidos cuando la caída de Machado y la posterior "revolución de los sargentos" que liquidó a la incipiente casta militar cubana. ¿Cómo recuerdas esos acontecimientos?

Estaba al tanto de lo que pasaba. Aunque nacido en Matanzas, yo vivía entonces en las Alturas de Párraga, en La Habana, donde mi madre se había mudado en 1932 y donde conoce a mi padrastro a principios de 1933. Fue allí donde presencié, aquel ya lejano 12 de agosto, como una turba ataba a un policía de un automóvil y se lo llevaba a rastras.  Es uno de mis recuerdos más antiguos. Días después, el 4 de septiembre, se producía la llamada "revolución de los sargentos" y Fulgencio Batista asumía la jefatura del Ejército. Esto también me toca, porque mi padrastro fue parte de esa revolución y terminó ascendido a primer teniente.

Como es sabido, el nuevo mando militar no se impuso sin resistencia de la vieja oficialidad. Gran número de estos oficiales se atrincheró en el Hotel Nacional, que era de propiedad norteamericana. Se comentaba que querían provocar la intervención de EEUU. Desde mi casa pude ver parte de la batalla que siguió, sobre todo el cañoneo que le imponía a los amotinados el crucero Cuba desde el mar.

¿En qué momento ingresas en el Ejército o en la escuela de cadetes y cómo recuerdas a las fuerzas armadas cubanas de esa época?

Ingresé en el ejército el 5 de abril de 1945, casi a punto de cumplir 20 años. Las Fuerzas Armadas se habían convertido, desde una década antes, en un destino apetecible gracias a las mejoras introducidas por Batista. No obstante, el salario seguía siendo bajo. Entré con un servicio auxiliar, ganando solo 20 pesos al mes y lo hice por la aviación. Tuve la oportunidad de volar "de paquete" —así lo llamaban— en el avión correo que iba de La Habana a Santiago de Cuba, donde hacíamos noche y regresábamos al día siguiente. En uno de esos vuelos, al despegar de San Pedrito, estuvimos a punto de perecer.

¿En base a qué méritos tienen lugar tus ascensos en el Ejército?

Luego de un año en la aviación, pasé al Ejército regular. En junio de 1946 me trasladan al Regimiento No. 5 para cubrir plaza en el Escuadrón 2 en San José de Las Lajas, pero, al mes siguiente me envían a la escuela de Managua, en la que permanezco hasta 1948 cuando me promovieron a cabo y regreso a la jefatura del regimiento a las órdenes del coronel Consuegra, inspector del mismo.  Ese mismo año regreso a la Escuela de Cadetes de Managua, donde estoy hasta 1950 en que me gradúo de segundo teniente supernumerario, es decir, sin plaza, y soy destinado al regimiento de Holguín.  

En el Gobierno de Grau San Martín (1944-48) Genovevo Pérez Dámera ocupa la jefatura del Ejército y este establece planes para hacerlo más eficiente y disciplinado. Si Genovevo hubiera estado al frente del Ejército en 1952, no se habría producido el golpe de Estado, y si Fidel hubiera desembarcado en ese tiempo no habría durado 72 horas. Cuando Prío Socarras asume la Presidencia en 1948, sustituye a Genovevo por el general Ruperto Cabera.

¿Dónde estabas en el momento del golpe de Estado de 1952 que gran parte de las Fuerzas Armadas apoyó?

El domingo 9 de marzo de 1952, a las 10:00AM, hice el cambio de guardia y asumí como oficial de día del Regimiento (de Holguín). En la madrugada del día 10 me manda a buscar el coronel Epifanio Hernández, jefe del mando, y me comunica tener noticias de que Batista había entrado en Columbia —el campamento militar que alojaba la jefatura del Estado Mayor del Ejército— y que él está tratando de comprobar la veracidad de la noticia. Me ordena entonces que redoble las postas del cuartel.

Al regresar para comunicarle la orden cumplida, me pide que permanezca. Es en ese momento cuando escucho que está hablando con el coronel Álvarez Margolles, jefe del Regimiento No. 1 (Moncada) que se opone al golpe de Estado e incita al jefe del Regimiento No. 2 (Agramonte, en Camagüey) a apoyarlo y lo convence de que el golpe es un hecho respaldado por la mayoría de los mandos incluidas la Aviación y la Marina de Guerra.

Las unidades del Ejército que se opusieron al golpe fueron el Regimiento No.1 de Santiago de Cuba y su jefe el coronel Álvarez Margolles (este hombre fue fusilado en La Cabaña en 1961 por conspirar contra la Revolución), el Regimiento No. 2 y el Regimiento No. 4 (Plácido, Matanzas), cuyo jefe, coronel Martín Elena, fue nombrado en 1960 jefe de la Brigada 2506, pero renunció antes del desembarco de Bahía de Cochinos. 

En Holguín todo era confusión, el coronel Epifanio fue citado al Estado Mayor en la Habana y quedó al mando el teniente coronel. El día 12 de Marzo, todos los oficiales jóvenes del batallón de infantería fuimos trasladados a Banes, Bayamo, Victoria de las Tunas y Manzanillo. A mí me mandaron a este último. Posteriormente supimos que nos habían acusado de  "antigolpistas". Para entonces, el coronel Martín Díaz Tamayo había volado a Holguín y comprobado que todo estaba en orden. Yo pedí que me juzgaran en consejo de guerra, pero rehusaron. Logré salir de Holguín en julio de 1952 por gestiones de un amigo ayudante de campo del ayudante general del Ejército y del coronel Barreras. 

El regimiento me manda a La Habana. Fui al Estado Mayor y el ayudante general me envía de oficial nuevo para la escuela de reclutas. En julio del 52 llegó el traslado para el Cuerpo de Ingenieros, localizado en el Vedado, donde luego construyeron el Hotel Riviera. Después me trasladan nuevamente para Columbia, como secretario de la escuela de reclutas de la división.

¿Ya tienes alguna relación con el coronel Ramón Barquín en el momento de la llamada "conspiración de los puros"?

Yo era todavía segundo teniente y estaba en Fort Benning, en Georgia, tomando un curso de comunicaciones. Había conocido a Barquín en Nueva York, en el año 1950, cuando él estaba de ataché militar en Washington y yo visitaba la ciudad con un grupo de 40 cadetes invitados a la celebración de la Semana Panamericana. Ya él era coronel.  Luego, lo sustituyen como ataché y le ordenan volver a La Habana y, de regreso a Cuba, hace una escala en Benning porque allí había 15 oficiales cubanos que tomábamos diferentes cursos. Aproveché la ocasión y le pedí que me gestionara en el Estado Mayor la confirmación de dos becas que tenía aprobadas para tomar los cursos de paracaidista y boina verde.

El jefe de los paracaidistas nuestros era el comandante Enrique Borbonet, quien estaba muy relacionado con Barquín. Como se sabe, Barquín y Borbonet fueron los líderes de esa conspiración llamada "de los puros", de la cual yo no tuve la menor noticia hasta que se hizo pública y ellos estaban presos.  

¿Cómo fue tu desempeño durante la revolución?

El 30 de noviembre de 1956 yo era primer teniente y jefe del pelotón de comunicaciones del Batallón 1 (MAP) del Regimiento de Infantería de la División de Infantería en Columbia, Marianao. Este batallón estaba entrenado y equipado por el ejército de EEUU. Ese día se produce en Santiago de Cuba el levantamiento de Frank País. El Gobierno decide mandar un contingente de 250 hombres al mando del coronel Pedro Barreras para apoyar al regimiento de esa provincia en dicha ciudad. Llegamos cuando estaba oscureciendo y tomamos la ciudad inmediatamente, y ya el 2 de diciembre la ciudad estaba funcionando con normalidad. Al tener noticias del desembarco de ese día en una zona de la costa del Golfo de Manzanillo, el coronel Barreras pide autorización para trasladar el contingente a la zona del desembarco. El Alto Mando no lo aceptó y ordenó que permaneciéramos en la ciudad y envió un batallón del Regimiento No. 7 a la zona referida.

El Estado Mayor da por concluidas las operaciones el 17 de diciembre, cuando ya los expedicionarios sobrevivientes se habían internado en la Sierra Maestra. Pero nos hacen volver en enero del 57 a combatir el foco insurgente, nos manda el coronel Barreras y estamos hasta abril, pero en mayo los rebeldes atacan a los puestos causándole más de diez bajas al Ejército y regresamos a Santiago de Cuba por avión y, por mar, hacia el puesto atacado en la costa sur de la provincia.

Seguimos a las órdenes del coronel Barreras, pero incluyen al Batallón No. 1 completo. Las operaciones y persecución de Castro se intensificaban aunque sin éxito, cuando relevan a Barreras, que era un tipo serio y responsable. Al menos así lo recuerdo, a pesar de las cosas que se dijeron de él en los círculos del Gobierno después de su relevo. Sucedía que era enemigo declarado de los Tabernilla (Francisco Tabernilla Dolz, jefe del Estado Mayor Conjunto, y sus dos hijos, Francisco "Silito" y Carlos "Winsy" Tabernilla Palmero), que eran unos bandidos.

En septiembre u octubre de 1957 relevan a Barreras del mando de las operaciones y lo sustituyen por el coronel Alberto del Río Chaviano, que estaba casado con una hermana de Tabernilla el viejo y que era jefe del Regimiento No.1 cuando Fidel atacó el cuartel Moncada en julio de 1953. La tropa no se sentía feliz por el cambio. Yo personalmente fui el encargado de informarle a Barreras de no entregarle el mando a Ríos Chaviano, pero Barreras me dijo que era una locura, que él no traicionaba a Batista y regresó a La Habana donde lo detuvieron no sé por qué causa y pasó un tiempo bajo arresto domiciliario en el campamento de Columbia hasta que fue enviado a Venezuela como ataché militar.

¿Dónde te encuentras física y políticamente al triunfo de la revolución castrista?

Llegué a la Habana el 31 de diciembre, pues me habían retirado. El 23 del mismo mes, el jefe de regimiento, coronel Ugalde Carrillo, me envía por avión a Cayo Mambí, en el norte de la provincia, donde hay dos compañías (unos 280 hombres) con la misión de rescatar a la guarnición de Sagua de Tánamo, que estaba sitiada por los rebeldes.  

Me dirijo hacia el lugar sin conocimiento del área ni de las condiciones de la ruta. Llego hasta un río que tenía un puente destruido y una fuerte emboscada del enemigo nos rechaza causándonos varias bajas —entre ellos un teniente herido que había sido abandonado por su pelotón— y regreso a Cayo Mambí. Más tarde, el comandante Luzón, de los rebeldes, me ofrece entregar a los prisioneros —algunos de ellos heridos y uno con una pierna amputada y algunos familiares—, trato de comunicarme con el regimiento pidiendo transporte para la evacuación de estos heridos, sin obtener respuesta.

En la mañana del 24 (Nochebuena) llega un avión con el teniente coronel jefe de operaciones y le pregunto si él viene a evacuar a los heridos y prisioneros y me responde que él no tiene conocimiento alguno del caso y me pide que lo acompañe a ver al jefe del regimiento. Cuando llegamos, Ugalde Carrillo nos recibe insultado y me ordena que regrese a Cayo Mambí. Estoy esperando el avión para el viaje cuando viene el teniente coronel Salas —yo entonces era comandante— y me comunica que estoy arrestado: me conduce al club de oficiales y me recluye en mi habitación.

Estoy en esa situación hasta el día 29 cuando, por la mañana, vuelve el coronel Salas y me dice que mi situación está resuelta y que el jefe del mando quiere verme. Fui a su despacho y me comunicó que me hiciera cargo del batallón de Sosa Blanco, que estaba en ese momento en el Central San Germán y que había sido emboscado y diezmado. (Sosa Blanco estaba herido y lo habían mandado al hospital en La Habana). Llegué al lugar y, con la ayuda de los mecánicos del central, que me repararon los vehículos, pude reorganizar al personal y, por la noche, le comuniqué al mando que estaba listo para salir.

Ese batallón era en ese momento la única defensa del regimiento, donde solo quedaban los miembros de la banda de música y el personal de oficina, 11 fusiles y pocas municiones. El 30 de diciembre por la mañana llega un avión con un capitán que viene a sustituirme y me comunica que regrese al regimiento. Cumplo la orden y voy al despacho del jefe quien me informa que estoy retirado, que me vista de civil y que regrese a La Habana. Vuelo en la mañana del 31 en Cubana de Aviación y en el aeropuerto de Rancho Boyeros un oficial me indica que debo presentarme al jefe del Regimiento (en Columbia).

Así lo hice y allí me contactó el coronel Chirino, jefe de Comunicaciones de la División, quien indagó por lo ocurrido. Le expliqué y me dijo: "Vamos a ver a Silito" (Tabernilla jefe de la División), quien nos recibió y me dijo que estaba confundido porque el coronel Ugalde había mandado una comunicación solicitando que me dieran de baja y el día 29 había enviado otra pidiendo que desestimaran la anterior, pero que ya era tarde, pues se había publicado la baja que él había solicitado.

"Tu situación no puede solucionarse hoy por las fiestas de fin de año", me dijo Silito, "pero el día 2 o 3 de enero hablo con el presidente y resuelvo tu caso. Ve al batallón, que te entreguen tu carnet y tu paga de diciembre", que había sido retenida porque estaba arrestado, "y ve para tu casa que yo te llamo tan pronto todo esté resuelto". 

En casa esa noche vimos la televisión hasta medianoche, después le dije a mi mujer: "Vámonos para la calle", y visitamos varios hoteles y cabarets. Ya amaneciendo nos dirigimos a un bar famoso entonces, situado en Cuba y Habana, allí solíamos reunirnos los amigos viejos del barrio hasta que amaneciera el día primero de año. Allí el dueño nos comunicó que Batista había abandonado el país.

Me dirijo velozmente a Columbia y al llegar a la Posta 3 me negaron la entrada porque yo era civil. El jefe de la policía militar, capitán Rodríguez, enterado de mi presencia, vino en su jeep, me recogió y me entró en el mando donde nos reunimos varios oficiales, la mayoría veteranos de la Sierra Maestra y acordamos que la solución para tratar de salvar al Ejército era liberar a los presos de "la conspiración de los puros" en Isla de Pinos. Yo me brindé voluntariamente para proponérselo al general Cantillo, jefe del Ejército.

Lo primero fue comunicárselo al jefe interino de la división que estuvo de acuerdo y junto con él y otro comandante fuimos a ver a Cantillo, quien nos recibió y, cuando lo pusimos al tanto de lo que habíamos decidido, nos dijo: "Si ustedes piensan que esa es la solución yo le entrego el mando al coronel Barquín".  

Ordenó al jefe interino de la aviación que pusiera un avión DC-3 a mi disposición. Nos dirigimos a Isla de Pinos y allí nos esperaba el comandante director de la prisión quien personalmente abrió la reja de entrada a la Circular 4 donde se encontraban los presos políticos. Entramos, le comuniqué al coronel Barquín nuestro propósito y con él y otros 20 presos —entre ellos dos miembros del 26 de julio—llegamos al Estado Mayor donde Cantillo entregó el mando a Barquín.

Lo primero fue tratar de comunicarnos con Fidel Castro pero él no contestaba. Se quedaron los dos miembros del 26 de julio (uno era Quintín Pino Machado) y se comenzó a nombrar jefes de los diferentes regimientos. A mí me asignaron al regimiento de Holguín, pero luego nos informaron que ya los rebeldes lo habían ocupado. Se lo comuniqué a Barquín y entonces me mandó como segundo de Borbonet a la División de Infantería. Entró Camilo Cienfuegos en Columbia y Barquín le entregó el mando y se fue para su casa. Yo permanecí en la División hasta el 7 de enero.

Esa tarde fui al Estado Mayor a ver al comandante Quevedo, amigo mío, y le pedí permiso para retirarme por un par de meses. Le dije que quería descansar y volvería una vez transcurrido ese tiempo. Me dio un pase firmado por Camilo Cienfuegos. Me fui a casa y pasé todo el tiempo libre en la calle hasta el 22 de marzo de 1959 en que salí de Cuba ilegalmente rumbo a la Florida.

¿Cómo te reclutan para la operación de Bahía de Cochinos y cuál fue tu papel o desempeño en la Brigada 2506?

Al enterarme de que habían abierto un campo de entrenamiento me presenté en la oficina de reclutamiento y pasé a trabajar con Justico Carrillo en esa actividad, pero mi hermano menor se alistó. Cuando lo supe le recordé que él tenía cuatro hijos menores y me contestó que también era cubano y que estaba interesado en liberar a Cuba del comunismo. Creyendo que podría desinteresarse, renuncié y me fui para Nueva York.

El Estado Mayor del contingente que se estaba formando y que estaba dirigido por el excoronel Martín Elena y varios exoficiales del Ejército, la Marina y la Policía, funcionaba en Miami y, después de pasar por distintos puntos en Florida y Panamá, se mudan a Guatemala (Infantería y Aviación). Ya va aumentando la cantidad y, con ayuda de los instructores americanos, nombran a los líderes in situ. En noviembre, viene una delegación de Guatemala a gestionar con el Estado Mayor en Florida y uno de los planteamiento es "¿Por qué no está Montero en el campamento?".  

Más adelante, en diciembre, viene otro grupo dirigido por Roberto Pérez San Román, hermano del que ya es jefe del grupo que estaba en Guatemala, y exige que se me autorice a incorporarme al entrenamiento. Lo aceptan y Roberto me llama a Nueva York y me dice que regrese a la Florida que me van a enviar para Guatemala. Regreso el 2 de enero de 1961 y no es hasta el 4 de febrero que me citan a las oficinas. El propio excoronel Martín Elena es quien me recibe y me dice que esté listo para viajar. 

Este señor me conocía muy bien y me advierte que [en la Brigada] no se reconocía ningún grado anterior, a lo que contesté que mi aspiración era desembarcar en Cuba con un fusil y municiones suficientes. Llegué a Retalhuleu el 15 de febrero y me destinaron al G-3 de la Brigada que ya tenía nombre. Poco después surge una pugna entre el grupo de Guatemala y los miembros del Estado Mayor de la Florida, y estos últimos renuncian (ninguno se unió al grupo que iba a exponer sus vidas). 

Días después se forma el Batallón 5 y Oliva, que es el segundo jefe de la Brigada, me llama y me dice que me han nombrado jefe de ese batallón. Continúa llegando gente de Miami y Nueva York y se forman los batallones 6 y 7. Este último se queda en Guatemala como reserva.

Cuenta un poco sobre el desembarco y las acciones de esos días de abril de 1961.

El desembarco fue un desastre. Los Kennedy cambiaron todo el plan inicial. Comenzamos el desembarco sin conocer de la cancelación de los bombardeos del día 16, por lo que nos sorprendió, al amanecer, ver a los aviones del régimen atacar las lanchas que conducían nuestras tropas a la playa. Esto lo viví desde el puente del barco.

Mi batallón, el número 5, era parte de un grupo táctico al mando de Oliva con el Batallón 2, comandado por Hugo Sueiro con la misión de desembarcar en Playa Larga, dentro de Bahía de Cochinos. Los aviones nos atacaron y recibimos la orden de salir de la bahía. Cuando ya estábamos en la entrada, nos dieron la orden de regresar y continuar el desembarco. Al instante aparecieron dos aviones: uno volando al noreste nuestro que nos deja caer una bomba que explotó en el mar detrás del barco, pero el otro, un avión a chorro volando bajo desde el oeste nos lanza un misil que impacta al "Houston" en la línea de flotación a la altura de la bodega de popa que estaba repleta de municiones de distintos calibres, que empieza a arder al tiempo que daña el control del timón del barco y apaga el motor, dejando nuestra nave a la deriva la cual termina encallándose distante de Playa Larga y de la orilla oeste de la Bahía, mientras que el barco artillado, que hasta entonces nos protegía, nos abandona.

Algunos se tiraron al agua con sus equipos y se ahogaron. La tripulación nos ayudó y lanzaron una soga larga hacia la orilla y, en un bote de remos, en que cabían ocho hombres, fueron desembarcando, siempre bajo el fuego de los aviones enemigos que querían rematarlos.

Yo desembarqué con el capitán del barco, el sacerdote del grupo, los dos operadores de la radio y el artillero de la ametralladora de proa y su auxiliar. No llegamos a la orilla pues ya cerca un avión nos atacó con su ametralladora y nos tiramos al agua: nadie resultó herido. Tratamos de hacer contacto con Oliva y su Batallón 2, pero no se pudo y, al mismo tiempo, empezaron a darnos instrucciones por radio. 

El 21 de abril confrontamos una patrulla enemiga que venía en dos bote de motor. Le dieron una vuelta al barco y después desembarcaron menos uno que quedo en uno de los botes. Nosotros éramos 15. Le di el alto al grupo y el jefe me tira una ráfaga con un FAL, pero el hombre que está a mi derecha lo mata de un solo tiro en el pecho. Herimos de gravedad a cuatro de esos muchachos, muy jóvenes, y capturamos a uno ileso que liberamos para que trajera ayuda médica para los heridos.

Al día siguiente le tiraron al "Houston" con el cañón de un tanque y lo hicieron estallar. Dicen que fue el mismo Fidel Castro quien disparó el cañón del tanque, en tanto nosotros nos internábamos en la ciénaga. Yo quedé con el segundo de mi batallón y, el 24 de abril —luego de tres días sin agua y sin comida— nos descubrió un helicóptero y nos apresaron.

Ahí me entero de que me acusaban de haber asesinado al teniente jefe de la patrulla, pero los cuatro muchachos heridos que se salvaron declararon que había sido en combate y que la acusación no procedía. Al día siguiente me montaron amarrado en un ómnibus con otros prisioneros, un miembro del batallón de armas pesadas, la unidad donde estaba mi hermano, quien me dice que este estaba ileso y que lo habían enviado prisionero para La Habana el día anterior.

Llegamos al Palacio de los Deportes y ahí estaban todos los miembros de la Brigada cautivos y me llaman por los altavoces para que me reuniera con ellos, de donde me sacaron luego para llevarme a un local grande a reunirme con otros que permanecían a la espera. No tardaron en organizarse en una especie de rueda grande y apareció Fidel con Carlos Franqui. Fidel comenzó a entrevistar a cada uno llamándolo por su nombre, a algunos los insultó y a otros les dijo que los iba a fusilar y lo cumplió. Cuando llegó a mí me saludó por mi nombre tratándome caballerosamente y hablamos como unos diez minutos, sobre la campaña de la Sierra Maestra y sobre el fallido intento de derribarlo.

¿A qué atribuyes que Fidel Castro rehusara canjearte (a ti y a otros pocos) a diferencia de la mayoría de tus compañeros? ¿Alguna animadversión personal o quisieron cobrarte alguna cuenta pendiente?

Al principio nunca se me ocurrió que pudiera haber algo contra mí. Fidel me acusa de haber liderado el golpe de Estado a la revolución el 1 de enero de 1959 (sin embargo, a Barquín no lo acusan de nada). El 8 de septiembre de ese año 1961 nos llevaron a los 14 que nos habían separado del resto de la Brigada y nos juzgan en la causa 833/61 del Tribunal de Las Villas. Ahí cinco personas son condenadas a muerte (Soler Puig, Calviño, Roberto Pérez Cruzata, El Chino Kim y Carinoa). A los nueve restantes el fiscal les pide 30 años de prisión. Yo me mantuve tranquilo, pues pensaba que no tenía deudas y que nadie me había acusado de ningún crimen, pero aun así me condenaron a 30 años de trabajos obligatorios y pérdida de la ciudadanía cubana.

Háblanos un poco de esos 25 años de prisión. ¿Siempre mantuviste la esperanza de salir?

Creo que nunca perdí la esperanza de salir en libertad, siempre asociada a la caída del régimen. Estuve en distintas prisiones desde Santa Clara a Pinar del Río. En el Castillo del Príncipe, en Isla de Pinos (en las cuatro circulares), en Ciudad Sandino, en Guanajay, en Melena y en el Combinado del Este (en los tres edificios), donde pasé los últimos diez años de los 25 que cumplí.

De esta última salí en libertad por una gestión que hizo el senador de EEUU Ted Kennedy con el Gobierno cubano. Fue en Guanajay donde llegué a entender cuál había sido mi delito capital. Visitaba la prisión José Abrahantes, entonces viceministro del Interior, a quien yo conocía del barrio donde había vivido desde los nueve años hasta los 24, cuando me casé. Cuando pasó en su recorrido por el Pabellón B, donde yo estaba recluido, preguntó a los compañeros que observan desde la ventana si me encontraba ahí, le contestaron afirmativamente y les dijo: "Díganle que se asome", lo hice y me preguntó:  "¿Te acuerdas de mí?". Respondí que sí y me dijo: "Vístete y sal, que quiero que hablemos". Me vestí apresuradamente y fui a la reja de salida donde me esperaba un funcionario de la prisión que me llevó hasta donde me esperaba el viceministro.

Abrahantes me contó de varios casos de amigos del barrio a quienes había ayudado. Aproveché y le pregunté si podía hacer algo por mí que para entonces (1973) ya había cumplido muchos años de cárcel. Y me contestó: "Por ti no puedo hacer nada, tu causa es del comandante". No me lo dijo directamente, pero mencionó la salida de Barquín de prisión el 1 de enero de 1959 y me acordé de que Fidel la había considerado un intento de golpe de Estado a la revolución. 

¿Cómo te reinventas al llegar al exilio en 1986?

Cuando llego al exilio, me encuentro con Pedro Hernández —hermano del famoso "inimitable imitador" Tito Hernández— y él me orienta para que me convierta en agente de bienes raíces. Y así me reinvento una nueva carrera y, en gran medida, una nueva vida, al lado de mi mujer, con quien me había casado en 1949, y que ya llevaba varios años en EEUU y junto a quien vivo hasta su fallecimiento en 2008.

En este siglo vivido, ¿cómo contemplas tu trayectoria? De tener la oportunidad de empezar de nuevo, ¿qué cosas no harías y cuáles volverías a hacer? ¿Te atreves a hablar de nuestro país y su futuro, que al presente se ve tan sombrío?

Nunca he perdido las esperanzas de que los cubanos se liberen del régimen comunista que ha destruido nuestro país, creo que más bien es un sueño. Mi vida ha sido muy activa y he sido testigo de primera mano y protagonista de varios acontecimientos de nuestra patria que ya pueden considerarse históricos. De lo único que me arrepiento es de haber dejado el bachillerato cuando cursaba el tercer año y de no haber estudiado Derecho, que era el anhelo de mi madre; pero en la carrera de las armas tuve éxito. No me arrepiento de nada más y todo lo que hice lo volvería a hacer.

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4 comentarios

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Profile picture for user Proscopito Arrechabaleta

Valiosísimo testimonio de un verdadero héroe cubano.

Tremendo relato del caudillismo que pervive en nuestro ADN.
Batista y demas previo a Castro y sus descendientes, no entienden que el totalitarismo, nos mata.
No es el comunismo.
Nada cambiara en nuestra sociedad,sin esta evolucion.
Nada.

PUEBLO SIN dinero
PUEBLO SIN comida
PUEBLO SIN ropas
PUEBLO SIN zapatos
PUEBLO SIN agua potable
PUEBLO SIN electricidad
PUEBLO SIN protección policial
PUEBLO SIN transporte
PUEBLO SIN ambulancias
PUEBLO SIN medicinas
PUEBLO SIN servicios médicos
PUEBLO SIN disfrute de sus playas
PUEBLO SIN libertad
PUEBLO SIN higiene
PUEBLO SIN recogida de basura
PUEBLO SIN futuro
PUEBLO CON gobierno ladrón
PUEBLO CON gobierno asesino
PUEBLO CON esclavitud
PUEBLO CON criminalidad rampante.
PUEBLO CON cárceles llenas
PUEBLO CON tiendas vacías
PUEBLO ¿¡HASTA CUANDO VAS A AGUANTAR ESE INFIERNO!?
UNA SUBLEVACIÓN NACIONAL ES NECESARIA YA. RAÚL CASTRO ESTÁ EN COMA, LE QUEDA POQUITO Y PRONTO TENDREMOS LA BUENA NOTICIA DE SU DECESO. MUERTE A RAMIRO VALDÉS, MUERTE A LÓPEZ MIERDA.-------
CUBANO, no esperes a que el tiempo los mate, adelántate al tiempo. Si eres policía o militar no uses tu arma contra tu pueblo, úsala a su favor y serás un héroe. ESOS VIEJOS NO SON HUMANOS, SON DEMONIOS, ASESINOS Y VENDEPATRIAS.

Excelente recordatorio de páginas de la verdadera historia de la Cuba reciente! Gracias ,muchas gracias, 1er Tte de mérito!