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Opinión

Lucha contra el racismo: avances o retrocesos

'Hay que eliminar las limitaciones que estiman el abordaje de la problemática racial como algo dañino para la unidad política y cultural del país'.

La Habana

¿Cuál es el estado actual de la población negra en Cuba?, es una de las peguntas más frecuentes de periodistas, estudiantes, profesores e investigadores, extranjeros y cubanos, para quienes somos académicos y también activistas comunitarios en la lucha contra la discriminación racial.

El número de activistas comprometidos con esta lucha crece cada vez más. Ésta no se limita a la erradicación del racismo, sino a la de todas las discriminaciones heredadas de los códigos sexuales, machistas, homofóbicos, religiosos, educacionales, culturales y lingüísticos, impuestos por los colonialismos europeos, que robaron las riquezas y los vastos territorios e islas de los verdaderos pobladores de nuestro continente.

No puede pasarse por alto que durante los años noventa del período especial, la problemática racial alcanzó una visibilidad relevante. Por décadas, no pocos de nosotros creímos y repetimos la afirmación del discurso oficial, según la cuál el racismo había sido eliminado de nuestro país.

Esto fue posible porque comenzaron a verse afrodescendientes trabajando en sitios donde nunca habían podido laborar de manera significativa, como en los bancos y la gastronomía, por citar solo dos áreas. Además, fueron eliminadas las prohibiciones que impedían a negros y negras deambular por las mismas áreas que blancos y blancas.

Por tanto, la discriminación racial no fue objeto de atención de la academia, y mucho menos de nuestra prensa. Cuando de vez en vez, alguien señalaba su existencia, ese alguien era tildado de instrumento del enemigo para crear la división en las filas revolucionarias; como consecuencia, no se analizaba qué elementos objetivos podía haber en dicha denuncia y ésta se desestimaba, con la completa convicción de que era un ardid de los enemigos de la revolución por destruirla.

Vale recordar títulos como Procesos del etnos cubano (1983), de Jesús Guanche, y El problema negro en Cuba y su solución definitiva (1986), de Pedro Serviat. Ambas obras mostraban una visión muy ficcionada de nuestra realidad, ya que afirmaban la inexistencia de la discriminación racial, y la disminución de las creencias religiosas de raíces africanas, como evidencias de que nuestros hombres y mujeres se identificaban mayoritariamente con la ideología, práctica social y política, enseñadas por el poder revolucionario, sin análisis dialéctico del fenómeno que ya comenzaba a visualizarse.

Aún nos falta mucho

Obviamente, el acercamiento analítico a nuestra sociedad actual pone de manifiesto, de manera irrefutable, que aún nos falta mucho para combatir de manera más efectiva y eficiente el racismo y sus históricas proyecciones discriminatorias y prejuiciosas contra la población de origen africano desde la colonia hasta hoy.

Lo expresado en los párrafos anteriores puede corroborarse con ejemplos de un ayer cercano: durante el primer taller para el análisis de la problemática racial en nuestra Isla, convocado por la Fundación Fernando Ortiz en 1998, uno de los participantes relató su experiencia personal al trabajar en una empresa que proveía a las corporaciones y empresas extranjeras los expedientes del personal profesional apto para trabajar en ellas. Detectó que ninguna persona de pigmentación negra o mulata había sido contratada, a pesar de ser profesionales de muy alto nivel.

Sin embargo, no solo ese hecho debe ponernos en un estado de alerta para apreciar cuán profundo, consciente o no, está enraizado el racismo en la mente de muchos de nosotros. La  respuesta ofrecida al que había hecho tan objetiva observación nos muestra algo muy terrible: "El que contrata tiene el derecho de elegir con quien trabajar".

Esa afirmación quizás resulte válida en una sociedad que no busca una mayor equidad entre todos sus ciudadanos, pero es intolerable para quienes trabajamos por una en la que todos y todas tengamos la posibilidad de acceder a puestos laborales acordes con el conocimiento profesional que hayamos alcanzado.

Según se nos dijo en la clausura del taller, ésa, entre otras demandas, sería presentada a las diferentes instituciones generadoras de las críticas debatidas. La finalidad, en su sentido más amplio, era llamar la atención del poder revolucionario y de cada una de las instancias involucradas, para la búsqueda de soluciones a las problemáticas denunciadas y analizadas, ya que, a pesar de existir una voluntad política de no permitir tales fenómenos sociales discriminatorios, acciones de este tipo, visibles o no, crecen por día.

Si este suceso se debatió en 1998, tengamos en cuenta lo acontecido en marzo de 2015 al reconocido poeta y ensayista Víctor Fowler.

Al entrar a la Lonja de Comercio fue interceptado por uno de los guardias de seguridad, quien le peguntó hacia dónde se dirigía, pero no interceptó ni formuló la misma pregunta a las otras dos personas que coincidieron con él en ese momento. Eran personas blancas, Víctor es negro.

Si tras casi 17 años de aquel histórico taller, continuamos denunciando y demandando acciones más efectivas contra el racismo, ¿qué ocurrió con las recomendaciones que hicimos y las medidas que se prometieron tomar entonces?

¿Significa lo sucedido a Víctor Fowler que no se prestó la atención requerida a nuestras recomendaciones, que no fuimos capaces de exigir respuestas y medidas más dinámicas por parte de las instituciones oficiales involucradas en las denuncias que afloraron en el taller?

Coro incrementado

Más allá de las respuestas que se den de forma individual, colectiva u oficial a las anteriores interrogantes, puede decirse que la naciente y pequeña sociedad civil de aquella época se hizo sentir, mediante las voces críticas que se oyeron en el taller.

Desde entonces, ese coro se ha incrementado; podría ser mayor, en cantidad y en calidad, si se eliminaran las limitaciones que todavía sobreviven y estiman el abordaje de la problemática racial como algo dañino para la unidad política y cultural del país.

No pocos consideran aún que hablar del problema es crearlo, sin tener en cuenta que no enfrentar tal desafío hace que dicha problemática se enraíce más, y por tanto, su malévolo quehacer se expanda de manera más rápida y silenciosa.

Todo el análisis previo me lleva a considerar impostergable la realización de un debate en el cual intervengan académicos e intelectuales, independientes o integrantes de organizaciones como la Cofradía de la Negritud, la Comisión Aponte, el Movimiento de Integración Racial, La Red Barrial de Afrocubanas, el Comité Ciudadanos por la Integración Racial (CIR) y la Unión Jurista Racial, entre otras.

La relación simple de esas agrupaciones  patentiza, cada vez con más peso, la urgencia de luchar contra el racismo, los prejuicios y las discriminaciones, pero a la vez manifiesta la lamentable fragmentación. Esta debe superarse mediante la fusión de algunas, para intentar aunar todos esos empeños en uno solo, respetándose las posiciones y políticas particulares de cada uno de esos grupos, así como la postura individual de cada académico, de cada activista social comunitario.

La mesa redonda del pasado 20 de marzo dejó bien claros algunos de los hechos denunciados por todos los que estamos en esta batalla.

Los criterios vertidos por quienes participaron esa noche han motivado reacciones en forma de artículos, comentarios de pasillos o expuestos en las redes sociales, desde muy diversos ángulos. Veo con pesar que sobre un tema tan serio, fundamental en el proceso de cambio que atraviesa nuestra sociedad, en ocasiones las opiniones expresadas al final de textos muy bien pensados, objetivamente, son muy superficiales, de un pésimo humor y contribuyen, de manera consciente o no, a restar importancia a los contenidos.

Por supuesto, a pesar de lo señalado, considero que avanzamos, aunque tal vez no tan rápidamente como desearíamos. El aldabonazo se ha dado, la puerta se abrió.

La lucha será amplia, profunda y duradera

Las acciones generadas por la Articulación Regional para América Latina y el Caribe (ARAAC), la Cofradía de la Negritud, la Unión Legal de Juristas, la Red Barrial de Afrocubana y el CIR, entre otras, son expresiones fehacientes de que hay un movimiento antirracista, antidiscriminador. Encabezado por líderes y lideresas, activistas comunitarios o académicos, se expresan en sitios como la Biblioteca Nacional de Cuba, la Biblioteca Provincial de La Habana, la Biblioteca Municipal Máximo Gómez, la Casa de África, la UNEAC, la Casa de las Américas, la sede del ALBA y en las múltiples casas comunitarias de la capital de todos los cubanos.

En provincias como Matanzas, Cienfuegos, Camagüey, Santiago de Cuba y otras, desde los eventos locales sobre nuestra cultura e historia efectuados a lo largo de todo el año, se hacen oír voces que hacen el coro reivindicativo cada vez mayor, un verdadero coro nacional.

Por lo enunciado hasta aquí, no debe caber duda de que hacemos lo que pensamos debemos hacer, aunque no siempre contamos con el apoyo de los medios masivos de comunicación.

Sin embargo, no debemos pasar por alto que la verdadera lucha será más amplia, profunda y duradera hasta el logro de los objetivos que no se alcanzarán hoy ni mañana. Será preciso un largo proceso de formación para las generaciones actuales y futuras mediante programas de enseñanza primaria, media y superior, que enseñen la historia olvidada, negada por la historiografía burguesa y también por buena parte de la historiografía revolucionaria.

Debe reconocerse con justicia la importancia de las primeras generaciones de africanos y sus descendientes, hacedores y sostenedores de nuestra historia y nuestra cultura, elementos negados con mayor o menor fuerza por algunos a lo largo de la forja de nuestra nación. Evitemos por todos los medios que algo similar ocurra en estos tiempos.

Ampliemos nuestro debate, nuestro conocimiento para que todos nuestros ciudadanos y ciudadanas disfruten realmente de los derechos plasmados en nuestra Carta Magna. Solo cuando esos ciudadanos y ciudadanas puedan reconocer  que sus derechos no son violados en la práctica, estaremos en la sociedad por la cual actualmente luchamos.

* Investigador y profesor titular. Biblioteca Nacional José Martí.

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