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Sociedad

Los cubanos también quieren juguetes para 'consolarse'

¿Dónde pueden comprarse juguetes sexuales en La Habana y cuánto cuestan?

La Habana

"¿Dónde puedo comprar un consolador aquí en La Habana?". Mucha gente ha escuchado de algún lugar donde se venden. Cuando por fin alguien te da un número de teléfono, te advierte: "Es semiclandestino".

Cuando llamas, no es tan simple decir qué buscas, pero la voz del otro lado te lo facilita: "¿Un juguete?".

En estas semiclandestinas sex shops cubanas, que en realidad son casas particulares, usted encuentra vibradores, bolas chinas, arnés, balas vibradoras (para estimular el clítoris), plugs anal, vagina vibradora... De todo, incluso kits de sado. Los precios oscilan entre ocho CUC (llavero de bala vibradora) hasta 60 CUC (kit de sado). Pero varían según el vendedor.

'Al principio tenía prejuicios'

En la primera tienda, nos recibe una señora de más de 60 años y todo el aspecto de tener prejuicios; difícil imaginarla detrás de un negocio como este.

"Al principio, tenía prejuicios. La idea del negocio fue de mi hijo", dice Emma. "Yo no me imaginaba haciendo esto. Pero los viajes me han abierto la mente. Esto es legal en cualquier lugar del mundo y no significa que hay promiscuidad."

A la pregunta de si ella usaría alguno de los artículos que vende, Emma responde: "¿Cómo no? Sobre todo, los lubricantes; las mujeres a mi edad no tenemos tanta lubricación".

Arturo, joven dueño de otra sex shop, tuvo la idea cuando era estudiante.

"Se me ocurrió porque aquí no se venden esas cosas. Comencé vendiendo preservativos de sabores en la universidad. Ahora tengo un contacto que los compra en Amazon y los trae", recuenta.

"Vienen tanto parejas heterosexuales como homosexuales; de hombres y de mujeres", dice.

Emma afirma que "la venta a veces es más lenta; otras, más rápida". No es su fuente principal de ingresos. Para Arturo, sí. Vende al por mayor y al detalle. Al ser entrevistado, solo le quedaba un "pintalabios", un vibrador y una bala vibradora, prueba de que el negocio tiene éxito y hay mercado para estos juguetes en Cuba.

'Esto es saludable'

Ambos, Emma y Arturo, son conscientes de estar en un limbo legal; no hay licencia para vender estos juguetes en Cuba. Entran al país como objetos de uso personal. Por eso, importan pequeñas cantidades; en algunos casos, solo por encargo.

Emma los expone sobre una butaca, en un salón al que lleva a los clientes. Arturo hace pasar al potencial comprador a la sala de su casa y trae los juguetes de su cuarto.

Algunos vendedores se anuncian en Revolico y hasta tienen un catálogo de sus productos en internet, con una descripción detallada del material de que están hechos, las ventajas que ofrecen, el precio y la disponibilidad del producto en el momento. Puede que el artículo que busca esté agotado, pero si usted es cliente será avisado de nuevas adquisiciones.

"La pornografía no me gusta, ni de joven; quizás todavía tengo un poco de recato", confiesa Emma. "Pero esto es saludable", dice refiriéndose a los juguetes sexuales. "Sobre todo, porque es personal, aunque es lavable y todo".

Emma y Arturo se enorgullecen de que sus artículos son nuevos, y están en su caja, porque se comenta que existen negocios en La Habana en los que estos juguetes se alquilan.

"Una estudiante latinoamericana de Medicina compra estas cosas, porque dice que así evita tener sexo con desconocidos y el riesgo de enfermedades", cuenta Emma.

"Tengo un cliente que compra juguetes para su hermano, que sufrió un accidente y es parapléjico", comenta Arturo.

Las ofertas de su negocio incluyen un arnés hueco vibrador, que sirve para hombres que no tienen erección o no logran satisfacer a sus parejas. El precio es 50 CUC.

La maleta llena de juguetes sexuales

¿Qué piensan los cubanos de todo esto? Aunque algunos ni han oído hablar de juguetes sexuales, otros prefieren el sexo "al natural", y otros ni opinan porque son cristianos. La mayoría de los entrevistados opina que "los juguetes son importantes en la relación sexual". Uno de ellos llegó a afirmar que "sexo es humanidad".

Camila, una lesbiana de 24 años, ha usado el consolador y el arnés, y afirma que "después de haber usado el arnés, el consolador es nada".

"Acceder a esos juguetes es súper difícil en Cuba", dice. "Tengo un vibrador, pero el arnés he tenido que pedirlo prestado".

Y agrega: "A veces, estoy con mi pareja y tengo ganas de 'darlo', tener la satisfacción de penetrarla. En realidad, este arnés puede satisfacer a ambas porque es doble, tiene dos penes. Te introduces uno a la vez que penetras. A mí, me gusta la penetración, pero no si estoy penetrando".

"Al principio, no me gustaba; lo veía como meter a un hombre en la cama", dice. "Pero una vez, mi pareja de entonces y yo decidimos experimentar. Ninguna de las dos es bisexual. Yo a veces, fantaseaba con que ella me la metía. Lo hicimos y me encantó. Mis amigos me decían 'pero al final es un pene'. Sí, pero un pene en la persona que deseo, que es una mujer. Aunque lo que más disfruto es penetrar".

"Hace tiempo no lo uso", confiesa Camila. "Con mi pareja actual no lo he hecho. No es imprescindible; es un plus. Hacerlo de vez en cuando, me gusta mucho. Pero es muy caro, he buscado en Revolico y cuesta 60 CUC. Afuera también es caro; además, no todo el mundo está dispuesto a entrar uno por la pena de que salga en los rayos X en la Aduana. Pero eso no es pornografía, que no se puede entrar; es un objeto personal. Si yo viajara, traería la maleta llena de juguetes".

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